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Los
científicos y tecnólogos de América Latina,
al igual que los teóricos y los agentes de la política
tecnológica, siempre le dieron importancia al dominio de
la tecnología y siempre le asignaron un papel central en
la competitividad. El cambio que ocurre ahora es que, por razones
que tienen que ver con la transformación tecnológica
mundial, se dan las condiciones para que eso sea reconocido por
todos a nivel social global y, en especial, por las esferas directamente
ligadas a la producción.
Pero
ese reconocimiento no se traduce fácilmente en acciones
prácticas de enlace y colaboración. La construcción
no de uno sino de mil puentes entre capacidad tecnológica
y capacidad productiva requiere modificaciones profundas en las
actitudes y las formas de interrelacionarse de los actores en
uno y otro mundo. Los muros de desconfianza mutua, construidos
durante décadas de funcionamiento con un patrón
de industrialización que no exigía la interacción
universidad-industria, requieren tiempo y esfuerzo para ser desmontados.
Parte sustancial del esfuerzo requerido es establecer y acordar
las bases conceptuales para el cambio de actitud.
El
punto de partida es el reconocimiento pleno y activo del papel
estratégico de la tecnología en la competitividad.
El complemento es la extensión del ámbito de lo
que se entenderá por tecnología como herramienta
en la competencia, así como la ampliación de los
actores que llevan a cabo actividades tecnológicas y la
multiplicación de los escenarios para ello.
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Ampliación
del ámbito de la innovación tecnológica
Dada
la nueva importancia que adquieren los aspectos organizativos
para la competitividad, ya no basta con enfocar los esfuerzos
de innovación hacia productos y procesos. La tecnología
organizativa y la forma de relacionarse con el mercado, han de
ser igualmente objeto de actividades innovativas. La práctica
internacional ha demostrado que poseer la más moderna tecnología
de producto no basta para dominar el mercado. Un ejemplo palpable
es el caso de la pérdida de competitividad de Estados Unidos
frente a Japón. Durante varios años, el desarrollo
y adopción de un modelo organizativo claramente superior
al tradicional le dio ventaja a las empresas japonesas aún
en casos donde las norteamericanas seguían siendo pioneras
en tecnología[4]
. El esfuerzo por rescatar esos espacios perdidos se ha centrado
precisamente en la adaptación de esas nuevas prácticas
gerenciales[5].
Tampoco
basta con el desarrollo de productos o procesos nuevos. El cambio
incremental adquiere gran peso en la captación, conservación
y ampliación de mercados. La mejora continua de los productos
y procesos existentes, la superación de los cuellos de
botella, la reducción del desperdicio, la solución
de los problemas que originan fallas recurrentes en la producción,
la eliminación de los defectos en los productos, la incorporación
de mejoras y modificaciones para cumplir con requerimientos de
los clientes, constituyen las metas cotidianas de una empresa
competitiva. La experiencia ha mostrado que hay caminos que van
de las series de cambios incrementales, a innovaciones de mayor
envergadura. Estas prácticas también conducen a
la capacidad para especificar los nuevos productos o procesos
y los cambios menores o mayores, requeridos de proveedores tecnológicos
externos a la empresa. En la practica, es esa actividad innovativa
constante dentro de las empresas la que contribuye a construir
los "puentes" con la capacidad científica y tecnológica
fuera de ellas
Por
último ya no cabe seguir viendo a la industria como el
terreno privilegiado para la incorporación de progreso
técnico. Las actividades de extracción minera, la
agricultura, la pesca, la banca, el transporte, el turismo y todos
los servicios se tornan cada vez más intensivos en tecnología.
La incorporación de informática, el uso de las telecomunicaciones
modernas y la introducción de técnicas avanzadas
como la biotecnología, hacen que el espacio para la innovación
tecnológica y para las estrategias competitivas sea todo
el espectro productivo[6].
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Multiplicación de los actores y los escenarios
Dentro
del nuevo patrón tecnológico la tecnología,
pasa a ser asunto de todos. Ya ni siquiera al interior de la empresa
se mantiene la separación del departamento de investigación
y desarrollo. Se ha podido demostrar que el uso de la planta como
laboratorio directo[7]
y la colaboración estrecha y constante entre I&D, mercadeo,
producción, ingeniería, mantenimiento y otros departamentos
a lo largo del proceso de desarrollo de un producto o proceso
es un modo mucho más efectivo y más rápido
de realizar innovaciones que el esquema secuencial del pasado[8].
También
se derriban barreras e integran actividades en lo que concierne
a departamentos como el de mantenimiento y el de control de calidad.
Aquel pasa de la reparación de fallas a la innovación
incremental para atacar las causas y continúa hasta las
innovaciones sustantivas para armonizar mejor proceso y producto[9].
El de control de calidad tiende a convertirse en un laboratorio
al servicio de los procesos de mejora continua, una vez que la
calidad pasa a ser responsabilidad directa de los operadores.
Incluso la actividad de ventas, dado el énfasis en satisfacer
los requerimientos del usuario, asume más y más
la forma de servicio técnico y exige a menudo realizar
adaptaciones que pueden ser consideradas procesos de innovación.
En
otras palabras, el nuevo modelo gerencial tiende a convertir el
dominio tecnológico en parte del trabajo de cada uno. De
una u otra manera se trata de incorporar a todo el personal y
no sólo a ingenieros, científicos y tecnólogos,
en el proceso innovativo.
Este
cambio es difícil para los empresarios tradicionales. Tampoco
es fácil para los especialistas aceptar esta multiplicación
de los actores en el campo tecnológico y este desdibujamiento
del departamento de I&D. Significa cambiar modos de trabajar,
aprender a colaborar con una gama muy variada de personas, adaptarse
a condiciones y ritmos distintos, dedicar tiempo a resolver pequeños
problemas prácticos, ensuciarse las manos, ocuparse de
costos, en fin, integrarse mucho más a la planta y a la
empresa. La contrapartida es por supuesto la satisfacción
de participar en procesos reales de cambio técnico.
Esta
proliferación de actores y escenarios que ocurre dentro
de la empresa tiene manifestaciones hacia el entorno, bajo la
forma de procesos de cooperación técnica con los
proveedores[10]
, con los usuarios[11]
e
incluso con los competidores en segmentos donde se da la complementación
tecnológica[12].
También se multiplican las fuentes de apoyo técnico.
Además de las universidades y los centros de investigación
crecen los grupos de soporte técnico, la consultoría
industrial y gerencial, los servicios especializados de ingeniería,
las empresas de software y sistemas, las redes de información
tecnológica y de mercado, etc.
Todo
esto hace que la empresa moderna vea la tecnología a la
vez como un área de alta gerencia y como algo de manejo
cotidiano. Por supuesto que nada impide que uno siga distinguiendo
la Ciencia y la Tecnología en su sentido más restringido
de ese amplísimo abanico de actividades y servicios técnicos
y organizativos que alimentan el dinamismo de la producción
de bienes y servicios. Lo esencial es que se entienda que esas
actividades de punta se ubican al extremo de un continuo y que
es la existencia de todas las otras actividades y de todos los
otros actores lo que hace posible la demanda y asimilación
de la tecnología producida en la punta.
No
obstante, personalmente considero que sería socialmente
más fructífero aceptar la ampliación del
concepto de Tecnología y separarlo de la Ciencia (dejando
con ésta la investigación tecnológica básica).
Creo importante devolverle a la tecnología su sentido original,
mucho más sencillo, entendiéndola como "el
arte, los métodos y los medios de hacer las cosas"
y referirse a Desarrollo Tecnológico como la adquisición
de capacidad para hacer las cosas cada vez mejor. Este reintegrar
de la tecnología con la práctica cotidiana nos parece
más cónsono con la dirección de las transformaciones
actuales y más coherente con el nuevo paradigma organizativo.
El desmitificar la tecnología abre la puerta para una amplia
participación en el esfuerzo colectivo necesario.
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Revalorización de los recursos humanos
También
en el terreno de la calidad de los recursos humanos la empresa
competitiva cambia radicalmente de actitud. Los especialistas
en educación habían venido clamando en el desierto
durante décadas; ahora es la empresa la que se empeña
en elevar la calidad de la educación[13].
A medida que la competitividad de la empresa va dependiendo más
de su capacidad de respuesta a condiciones cambiantes y de su
disposición a la mejora continua, la empresa eleva su valoración
de los recursos humanos dentro de la firma y de la disponibilidad
local de servicios técnicos y asesoría tecnológica
y científica.
Fue
la mentalidad de la producción en masa la que supuso que
la revolución electrónica y la robotización
terminarían expulsando al ser humano del proceso productivo.
Hoy, se hace cada vez más evidente que los recursos humanos
son el activo más importante que posee una empresa para
competir con éxito[14].
Esta
constatación está llevando a fenómenos que
sin duda influirán sobre el rumbo del sistema educativo
en los próximos años[15].
Los programas de entrenamiento del personal dentro de las empresas
han crecido no sólo en volumen y frecuencia sino que en
algunos casos llegan hasta niveles universitarios. En Japón
se estima que casi la mitad de los post-grados son organizados
dentro de las grandes empresas y recientemente los grupos empresariales
coreanos han empezado a seguir el ejemplo[16]
. En Estados Unidos han proliferado las universidades corporativas[17]
.
En el caso de MOTOROLA, una de las principales empresas de la
industria electrónica, el establecimiento de su propia
universidad fue visto como el ápice de un vasto programa
de inversión en educación, incluyendo la colaboración
financiera y técnica con instituciones de todos los niveles
del sistema educativo: desde la primaria para la re-alfabetización
de su personal obrero, pasando por todos los niveles de formación
técnica hasta la educación superior[18].
Es
interesante observar que países en acelerada industrialización
como Corea y Taiwan han apoyado ese proceso con una rápida
elevación del nivel de educación de la población
y con una masiva formación de técnicos e ingenieros
en proporciones superiores a las registradas en Japón o
Estados Unidos[19].
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Revalorización
de la ciencia como inversión estratégica
Las
empresas más dinámicas en el mercado internacional
están mirando la investigación científica
y tecnológica básica como su mejor inversión
estratégica. Ello a pesar de que muchos gobiernos están
lejos de llegar a esa conclusión. El aumento de la investigación
tecnológica dentro de la empresa[20]
y la formación de asociaciones de investigación
entre empresas competidoras viene acompañada cada vez más
de consorcios para el financiamiento de la investigación
tecnológica básica en universidades[21].
Pero,
estos son cambios que ocurren en los países que ya están
adoptando el nuevo estilo gerencial y tecnológico. Para
que ocurran en toda América Latina es necesario crear las
condiciones desde las dos puntas: por un lado, hace falta la presión
de la competencia externa sobre el aparato productivo para desencadenar
un proceso de reconversión[22].
Eso es parte de lo que buscan las políticas de apertura.
Por otro lado, tiene que haber un contexto institucional que facilite
y favorezca la ruta de la modernización gerencial y tecnológica
como la forma más segura de sobrevivir, crecer y prosperar
en las nuevas condiciones. Esto exige una gran creatividad en
el campo de las políticas en ciencia, tecnología
y educación, así como en su articulación
con las estrategias de desarrollo.
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