Carlota Pérez
 
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Nueva concepción de la tecnología
y sistema nacional de innovación

 
  

Los científicos y tecnólogos de América Latina, al igual que los teóricos y los agentes de la política tecnológica, siempre le dieron importancia al dominio de la tecnología y siempre le asignaron un papel central en la competitividad. El cambio que ocurre ahora es que, por razones que tienen que ver con la transformación tecnológica mundial, se dan las condiciones para que eso sea reconocido por todos a nivel social global y, en especial, por las esferas directamente ligadas a la producción.

Pero ese reconocimiento no se traduce fácilmente en acciones prácticas de enlace y colaboración. La construcción no de uno sino de mil puentes entre capacidad tecnológica y capacidad productiva requiere modificaciones profundas en las actitudes y las formas de interrelacionarse de los actores en uno y otro mundo. Los muros de desconfianza mutua, construidos durante décadas de funcionamiento con un patrón de industrialización que no exigía la interacción universidad-industria, requieren tiempo y esfuerzo para ser desmontados. Parte sustancial del esfuerzo requerido es establecer y acordar las bases conceptuales para el cambio de actitud.

El punto de partida es el reconocimiento pleno y activo del papel estratégico de la tecnología en la competitividad. El complemento es la extensión del ámbito de lo que se entenderá por tecnología como herramienta en la competencia, así como la ampliación de los actores que llevan a cabo actividades tecnológicas y la multiplicación de los escenarios para ello.
    

  

Ampliación del ámbito de la innovación tecnológica

Dada la nueva importancia que adquieren los aspectos organizativos para la competitividad, ya no basta con enfocar los esfuerzos de innovación hacia productos y procesos. La tecnología organizativa y la forma de relacionarse con el mercado, han de ser igualmente objeto de actividades innovativas. La práctica internacional ha demostrado que poseer la más moderna tecnología de producto no basta para dominar el mercado. Un ejemplo palpable es el caso de la pérdida de competitividad de Estados Unidos frente a Japón. Durante varios años, el desarrollo y adopción de un modelo organizativo claramente superior al tradicional le dio ventaja a las empresas japonesas aún en casos donde las norteamericanas seguían siendo pioneras en tecnología[4] . El esfuerzo por rescatar esos espacios perdidos se ha centrado precisamente en la adaptación de esas nuevas prácticas gerenciales[5].

Tampoco basta con el desarrollo de productos o procesos nuevos. El cambio incremental adquiere gran peso en la captación, conservación y ampliación de mercados. La mejora continua de los productos y procesos existentes, la superación de los cuellos de botella, la reducción del desperdicio, la solución de los problemas que originan fallas recurrentes en la producción, la eliminación de los defectos en los productos, la incorporación de mejoras y modificaciones para cumplir con requerimientos de los clientes, constituyen las metas cotidianas de una empresa competitiva. La experiencia ha mostrado que hay caminos que van de las series de cambios incrementales, a innovaciones de mayor envergadura. Estas prácticas también conducen a la capacidad para especificar los nuevos productos o procesos y los cambios menores o mayores, requeridos de proveedores tecnológicos externos a la empresa. En la practica, es esa actividad innovativa constante dentro de las empresas la que contribuye a construir los "puentes" con la capacidad científica y tecnológica fuera de ellas

Por último ya no cabe seguir viendo a la industria como el terreno privilegiado para la incorporación de progreso técnico. Las actividades de extracción minera, la agricultura, la pesca, la banca, el transporte, el turismo y todos los servicios se tornan cada vez más intensivos en tecnología. La incorporación de informática, el uso de las telecomunicaciones modernas y la introducción de técnicas avanzadas como la biotecnología, hacen que el espacio para la innovación tecnológica y para las estrategias competitivas sea todo el espectro productivo[6].

  

Multiplicación de los actores y los escenarios

Dentro del nuevo patrón tecnológico la tecnología, pasa a ser asunto de todos. Ya ni siquiera al interior de la empresa se mantiene la separación del departamento de investigación y desarrollo. Se ha podido demostrar que el uso de la planta como laboratorio directo[7] y la colaboración estrecha y constante entre I&D, mercadeo, producción, ingeniería, mantenimiento y otros departamentos a lo largo del proceso de desarrollo de un producto o proceso es un modo mucho más efectivo y más rápido de realizar innovaciones que el esquema secuencial del pasado[8].

También se derriban barreras e integran actividades en lo que concierne a departamentos como el de mantenimiento y el de control de calidad. Aquel pasa de la reparación de fallas a la innovación incremental para atacar las causas y continúa hasta las innovaciones sustantivas para armonizar mejor proceso y producto[9]. El de control de calidad tiende a convertirse en un laboratorio al servicio de los procesos de mejora continua, una vez que la calidad pasa a ser responsabilidad directa de los operadores. Incluso la actividad de ventas, dado el énfasis en satisfacer los requerimientos del usuario, asume más y más la forma de servicio técnico y exige a menudo realizar adaptaciones que pueden ser consideradas procesos de innovación.

En otras palabras, el nuevo modelo gerencial tiende a convertir el dominio tecnológico en parte del trabajo de cada uno. De una u otra manera se trata de incorporar a todo el personal y no sólo a ingenieros, científicos y tecnólogos, en el proceso innovativo.

Este cambio es difícil para los empresarios tradicionales. Tampoco es fácil para los especialistas aceptar esta multiplicación de los actores en el campo tecnológico y este desdibujamiento del departamento de I&D. Significa cambiar modos de trabajar, aprender a colaborar con una gama muy variada de personas, adaptarse a condiciones y ritmos distintos, dedicar tiempo a resolver pequeños problemas prácticos, ensuciarse las manos, ocuparse de costos, en fin, integrarse mucho más a la planta y a la empresa. La contrapartida es por supuesto la satisfacción de participar en procesos reales de cambio técnico.

Esta proliferación de actores y escenarios que ocurre dentro de la empresa tiene manifestaciones hacia el entorno, bajo la forma de procesos de cooperación técnica con los proveedores[10] , con los usuarios[11] e incluso con los competidores en segmentos donde se da la complementación tecnológica[12]. También se multiplican las fuentes de apoyo técnico. Además de las universidades y los centros de investigación crecen los grupos de soporte técnico, la consultoría industrial y gerencial, los servicios especializados de ingeniería, las empresas de software y sistemas, las redes de información tecnológica y de mercado, etc.

Todo esto hace que la empresa moderna vea la tecnología a la vez como un área de alta gerencia y como algo de manejo cotidiano. Por supuesto que nada impide que uno siga distinguiendo la Ciencia y la Tecnología en su sentido más restringido de ese amplísimo abanico de actividades y servicios técnicos y organizativos que alimentan el dinamismo de la producción de bienes y servicios. Lo esencial es que se entienda que esas actividades de punta se ubican al extremo de un continuo y que es la existencia de todas las otras actividades y de todos los otros actores lo que hace posible la demanda y asimilación de la tecnología producida en la punta.

No obstante, personalmente considero que sería socialmente más fructífero aceptar la ampliación del concepto de Tecnología y separarlo de la Ciencia (dejando con ésta la investigación tecnológica básica). Creo importante devolverle a la tecnología su sentido original, mucho más sencillo, entendiéndola como "el arte, los métodos y los medios de hacer las cosas" y referirse a Desarrollo Tecnológico como la adquisición de capacidad para hacer las cosas cada vez mejor. Este reintegrar de la tecnología con la práctica cotidiana nos parece más cónsono con la dirección de las transformaciones actuales y más coherente con el nuevo paradigma organizativo. El desmitificar la tecnología abre la puerta para una amplia participación en el esfuerzo colectivo necesario.
      

  

Revalorización de los recursos humanos

También en el terreno de la calidad de los recursos humanos la empresa competitiva cambia radicalmente de actitud. Los especialistas en educación habían venido clamando en el desierto durante décadas; ahora es la empresa la que se empeña en elevar la calidad de la educación[13]. A medida que la competitividad de la empresa va dependiendo más de su capacidad de respuesta a condiciones cambiantes y de su disposición a la mejora continua, la empresa eleva su valoración de los recursos humanos dentro de la firma y de la disponibilidad local de servicios técnicos y asesoría tecnológica y científica.

Fue la mentalidad de la producción en masa la que supuso que la revolución electrónica y la robotización terminarían expulsando al ser humano del proceso productivo. Hoy, se hace cada vez más evidente que los recursos humanos son el activo más importante que posee una empresa para competir con éxito[14].

Esta constatación está llevando a fenómenos que sin duda influirán sobre el rumbo del sistema educativo en los próximos años[15]. Los programas de entrenamiento del personal dentro de las empresas han crecido no sólo en volumen y frecuencia sino que en algunos casos llegan hasta niveles universitarios. En Japón se estima que casi la mitad de los post-grados son organizados dentro de las grandes empresas y recientemente los grupos empresariales coreanos han empezado a seguir el ejemplo[16] . En Estados Unidos han proliferado las universidades corporativas[17] . En el caso de MOTOROLA, una de las principales empresas de la industria electrónica, el establecimiento de su propia universidad fue visto como el ápice de un vasto programa de inversión en educación, incluyendo la colaboración financiera y técnica con instituciones de todos los niveles del sistema educativo: desde la primaria para la re-alfabetización de su personal obrero, pasando por todos los niveles de formación técnica hasta la educación superior[18].

Es interesante observar que países en acelerada industrialización como Corea y Taiwan han apoyado ese proceso con una rápida elevación del nivel de educación de la población y con una masiva formación de técnicos e ingenieros en proporciones superiores a las registradas en Japón o Estados Unidos[19].
    

  

Revalorización de la ciencia como inversión estratégica

Las empresas más dinámicas en el mercado internacional están mirando la investigación científica y tecnológica básica como su mejor inversión estratégica. Ello a pesar de que muchos gobiernos están lejos de llegar a esa conclusión. El aumento de la investigación tecnológica dentro de la empresa[20] y la formación de asociaciones de investigación entre empresas competidoras viene acompañada cada vez más de consorcios para el financiamiento de la investigación tecnológica básica en universidades[21].

Pero, estos son cambios que ocurren en los países que ya están adoptando el nuevo estilo gerencial y tecnológico. Para que ocurran en toda América Latina es necesario crear las condiciones desde las dos puntas: por un lado, hace falta la presión de la competencia externa sobre el aparato productivo para desencadenar un proceso de reconversión[22]. Eso es parte de lo que buscan las políticas de apertura. Por otro lado, tiene que haber un contexto institucional que facilite y favorezca la ruta de la modernización gerencial y tecnológica como la forma más segura de sobrevivir, crecer y prosperar en las nuevas condiciones. Esto exige una gran creatividad en el campo de las políticas en ciencia, tecnología y educación, así como en su articulación con las estrategias de desarrollo.
      

  
NOTAS:
[4] DERTOUZOS et al.1989  (back to text)
[5] Business Week 1995 (back to text)
[6] Ver, por ejemplo, MILES et al (back to text)
[7] BABA 1986  (back to text)
[8] REICH 1989  (back to text)
[9] SIRKIN/STALK 1990  (back to text)
[10] LUNDVALL 1988 (back to text)
[11] VON HIPPEL 1988 (back to text)
[12] HAGEDOORN/SHACKENRAAD 1990 (back to text)
[13] OCDE 1994; ALEXANDER 1994; NULTY 1992; WIGGENHORN, et al 1992(back to text)
[14] DERTOUZOS et al. 1989; PETERS 1989; CROZIER 1989(back to text)
[15] PEREZ 1991 (back to text)
[16] FREEMAN/HOBDAY 1990-91  (back to text)
[17] EURICH 1986  (back to text)
[18] WIGGENHORN 1990  (back to text)
[19] En esos países el 0.76% de la población son estudiantes en ciencias, matemáticas e ingeniería. La cifra en Japón es 0.40%, en Brasil 0.24% (FREEMAN/HOBDAY 1990-1)  (back to text)
[20] Y este fenómeno no se reduce a las empresas de los países más desarrollados. El salto en el desarrollo que ha dado Corea del Sur se acompaña de la aceleración del esfuerzo de investigación dentro de la empresa. En 1970, en ese país sólo una empresa contaba con un laboratorio de I&D. Para 1987 había ya 455 laboratorios dentro de las empresas. El número de profesionales en dichos laboratorios pasa de 925 en 1971 a más de 26.000 en 1987 (LINSU-KIM 1993 p. 370). (back to text)
[21] Algunos de estos consorcios han financiado incluso la construcción y el equipamiento de edificios completos para la investigación. Tal es el caso, por ejemplo, del laboratorio de Microsistemas del MIT (REIF 1991)  (back to text)
[22] Son muchos los autores que participaron en el debate sobre el sentido de la reconversión, algunos de los cuales fueron actores en la formulación de las políticas en Venezuela. Ver: VIVAS PEÑALVER 1995; RODRIGUEZ 1994; CEPROPMI 1989; IRANZO/ALONSO 1990; PAEZ BRAVO 1992; RIQUEZES 1990; ALVAREZ/GARCIA 1991.  (back to text)